El caso de una niña muerta en Jicamaltepec
Una historia fabricada para desprestigiar a la Policía Comunitaria
El Sur Nº. 1383
28 de octubre de 2000
Pág. 9
Maribel Gutiérrez. San Luis Acatlán. Entre los ataques contra la Policía Comunitaria circuló la versión de que sus integrantes se robaron a la niña Antonieta Cruz Victorio, de la comunidad de Jicamaltepec, municipio de San Luis Acatlán.
Preocupados por la campaña de desinformación y represión en su contra, los representantes de la Policía Comunitaria formaron una comisión que el viernes 20 de octubre se trasladó a Jicamaltepec, en una de las áreas más apartadas en la Montaña de este municipio, para investigar los hechos.
Descubrieron que la niña supuestamente robada y desaparecida murió en 1994, víctima de vómito y diarrea.
En Jicamaltepec encontraron a la madre de la niña, Benita Victorio Rafael, quien declaró que “la niña no fue perdida, sino que fallecida desde el año de 1994, por una enfermedad llamada diarrea y vómito, y que tiene testigos de cuando la niña falleció”.
La misma señora reveló que su esposo es el que anda con calumnias culpando a la Policía Comunitaria de que robaron a su hija, pero “sinceramente eso es mentira”, dijo.
En la reunión, los miembros del Comité Ejecutivo de la Policía Comunitaria, Epifanio García Quintero y Cornelio González Mendoza, autoridades de diferentes comunidades, los familiares de la niña y 42 ciudadanos y ciudadanas de la comunidad, firmaron un acta en la que cuentan la historia.
“Antonieta Cruz Victorio falleció desde el año de 1994, atacada fuertemente por la enfermedad. Se enterró en un petate. El lugar donde falleció la niña fue en El Mango, pero la llevaron a la casa del señor Francisco Cruz Ávila, con domicilio conocido en Buena Vista.
“La niña se enterró sin bóveda, no sacaron acta de defunción, el cantor fue Inocencio Morales Silva, que es testigo de que la niña falleció a las 6:00 horas de la tarde, y que tenía un año y medio de edad.
“El padrino de la niña se llama Andrés, y le avisaron después de tres días del fallecimiento y como único regalo que le dio su padrino fue un marranito después que falleció.
“Y para culminar con este compromiso, su papá, de nombre Cosme Cruz Mendoza, hizo una cruz de madera para su niña, sin nombre ni la bendición. Esta es la declaración de la señora Benita Victorio Rafael, lo reafirma su suegra de nombre Marcelina Mendoza Cirilo, y sus cuñadas, Avelina Martínez Astudillo y Juana Zavala Martínez. Los testigos del fallecimiento de la niña son Eulalio Cruz Quintero y las autoridades del lugar”.
En la reunión de la Policía Comunitaria con ciudadanos el lunes 23, se leyó el acta de Jicamaltepec, y los comentarios de los ciudadanos fueron de sorpresa, asombro e indignación. Sabían que no era cierto que la Policía Comunitaria se hubiera robado a una niña desaparecida, pero no se imaginaron que para desprestigiar al sistema de justicia indígena, los que la atacan llegaran a utilizar el caso de una niña muerta.